Una lionesa que archiva el porno mainstream en el cajón de los malos recuerdos, se marcha a Barcelona y decide filmar el sexo de otra manera: así se resume, un poco deprisa, la trayectoria de Lucie Blush. Directora y actriz francesa de porno feminista, pasó los años 2010 demostrando que una película X podía ser tierna, divertida, cruda sin ser sucia. ¿Te preguntas quién es, de dónde viene y qué cambió en la forma de mostrar el deseo? Repasamos su historia, su trabajo y su visión, sin maquillaje ni barniz militante de fachada.
Lucie Blush, ¿quién es realmente?
Lucie Blush es una directora y actriz francesa de cine pornográfico feminista. Nacida en Lyon, se dio a conocer a mediados de los años 2010 con películas rodadas entre Barcelona y Berlín, a contracorriente de los códigos del X comercial. Su proyecto cabe en una frase: mostrar una sexualidad real, alegre y consentida.
Detrás del seudónimo hay una hija única criada en un entorno más bien conservador, acomplejada durante mucho tiempo por su cuerpo. De adolescente se creía condenada a no gustar nunca. El porno que acabará haciendo hunde sus raíces exactamente ahí: en las ganas de reparar esa relación dañada con el deseo, primero la suya, luego la de quienes miran. Estamos lejos de la vocación calculada. Más bien de una dulce revancha.
De Lyon a Barcelona: cómo se llega a directora de X
El giro se produce en Barcelona. Hacia los 22 años, Lucie Blush deja Francia, vive una especie de revolución íntima tras el final de una larga relación y empieza un blog diario donde cuenta sus exploraciones. Escribir la libera. Documentar se convierte en un reflejo. El resto llegará casi de forma natural.
La infancia lionesa y la gran partida
Crecer en Lyon bajo la mirada de unos padres muy protectores le deja complejos tenaces, lo ha contado en varias ocasiones. La marcha a España actúa como una esclusa: nuevo país, nuevo idioma, nueva libertad para probar lo que de verdad le gusta, sin la mirada familiar por encima del hombro.
El detonante Erika Lust
En 2011 la contratan como diseñadora web en Lust Films, la productora barcelonesa de Erika Lust, figura clave del porno feminista. Allí descubre que una película para adultos puede contar una historia, estar bien filmada y respetar a sus intérpretes. Al cabo de un año y medio, se marcha con una idea en la cabeza: hacer la suya. No una copia, su propia gramática.
We Love Good Sex: ¿qué porno fabrica?
Una vez independiente, Lucie Blush lanza sus propias plataformas, Lucie Makes Porn y We Love Good Sex. Allí se encuentran películas cortas, crudas, apenas guionizadas: una trama ligera, y luego se deja que el deseo tome el mando. Rodadas en Barcelona y después en Berlín, estas viñetas apuestan por la autenticidad antes que por la performance.
En 2014 pasa por primera vez delante de su propia cámara en Naked, una escena lésbica presentada en festivales. A lo largo de la década, su filmografía supera la veintena de títulos. De retrato en entrevista, se impone como una directora porno aparte, citada en cuanto se habla de X feminista francófono.
Su visión: un X alegre, consentido y sin castings
El método de Lucie Blush descansa sobre una convicción sencilla: el porno feminista no es sexo edulcorado, es sexo donde cada cual es tratado como una persona, no como una muñeca hinchable. En concreto, rechaza los castings clásicos y filma a gente que de verdad tiene ganas de acostarse junta.
El cuerpo, en sus películas, no se retoca con la luz. Celulitis, michelines, maquillaje corrido: todo lo que el X industrial borra, ella lo conserva. No por provocación, por honestidad. No busca condenar el porno mainstream, solo proponer otro punto de vista. El matiz tiene su encanto: abre una puerta en lugar de montar un juicio.
Lucie Blush en la ola del porno feminista
Lucie Blush pertenece a una generación de directoras que, desde los años 2010, han inclinado el X del lado de las mujeres y de las minorías de género. Se la sitúa de buen grado junto a Erika Lust, con quien debutó, o la neerlandesa Yvette Luhrs, en lo que el medio llama alt-porn.
Esta corriente hunde sus raíces en el feminismo pro-sexo nacido en Estados Unidos en los años 1980, en torno a pioneras como Annie Sprinkle. La idea no ha cambiado: la respuesta al mal porno no es la prohibición, es un porno mejor. Blush es una de sus herederas francófonas, con un sello propio, menos conceptual, más terrenal.
Su firma de puesta en escena, plano a plano
Lo que distingue una película de Lucie Blush se nota en la imagen incluso antes de los créditos. Tres decisiones se repiten, y cuentan todo su método.
Primero, la ausencia de guion cerrado: una situación de partida, dos personas, y se filma lo que ocurre. El montaje conserva las vacilaciones, las risas, los gestos torpes. Después, el decorado de lo real: a menudo un piso, a veces el suyo, en el barrio berlinés de Neukölln, lejos de los estudios asépticos. Por último, el cuidado del consentimiento, organizado de antemano y legible en pantalla, que se convierte en parte del placer y no en un trámite administrativo.
El resultado no se parece a una demostración técnica. Se parece a una escena improvisada entre dos personas que se gustan. Es precisamente ese desplazamiento, del fantasma fabricado al instante capturado, lo que ha hecho su reputación.
¿Dónde ver sus películas y en qué anda hoy?
Las películas de Lucie Blush vivieron primero en sus sitios, Lucie Makes Porn y We Love Good Sex (hoy cerrados), y varias bases cinéfilas como MUBI recogen su filmografía. Su presencia mediática en Francia se hizo más discreta después de mediados de los años 2010, y el estado exacto de su actividad reciente sigue, por desgracia, poco documentado…
Una cosa no cambia: su nombre aparece en cuanto se hace la lista de las voces que han contribuido a un X feminista francófono. Para quien descubre el género, sigue siendo una puerta de entrada ideal, la que da ganas de mirar sin culpa.